fenómenos climáticos

La sucesión de fenómenos climáticos influye en la producción, el consumo, los ingresos fiscales y la estabilidad empresarial

En los países en vías de desarrollo, como la República Dominicana, el gasto destinado a proyectos de desarrollo se utiliza para la recuperación y reconstrucción de las zonas afectadas.

Los desastres naturales obligan a los sectores productivos a enfrentar los problemas derivados a los costos de reconstrucción, el tiempo necesario en el proceso, la parálisis de la producción o la ralentización de la actividad económica. En la República Dominicana, por ejemplo, la producción agrícola se ve afectada en mayor o menor medida por los daños de una sequía o un huracán , lo que incluye las cosechas destinadas a la exportación. Por lo general son perjudicados una buena parte de los aparatos productivos en los territories afectados, provocando un atraso en el empleo de los trabajadores y precariedades en aquellos que tienen que salir a buscarse cada día el sustento de sus familias.

Las consecuencias económicas y sociales más comunes son el daño a las viviendas, las instalaciones de salud y las escuelas rurales, con lo que aumentan los deficits anteriores al desastre. A ello se une la reducción de ingresos en los estratos sociales menos favorecidos, las interrupciones temporales del suministro de agua, electricidad, comunicaciones y transportes. En no pocos casos, se produce una escasez temporal de alimentos y de materias primas para la producción agrícola, industrial y commercial.

El efecto indirecto de un huracán o una sequía se produce en los flujos económicos y el tiempo necesario para la recuperación de la capacidad productiva. Se incluye el impacto sobre la actividad del sector público derivado de una menor recaudación, así como los mayores desembolsos que ha de realizar el Estado durante el periodo de rehabilitación. Inevitablemente, según la gravedad del daño, se produce un efecto secundario sobre el Producto Interno Bruto (PIB), las cuentas públicas, la inversion bruta y el empleo, entre otros agregados.

El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) considera poco probable que los desastres naturales afecten al crecimiento económico a largo plazo, a menos que sean seguidos de un trastocamiento radical del orden institucional de la sociedad.

El beneficio de la política monetaria

El Banco Central de la República Dominicana (BCRD), por medio de su política monetaria, ha reaccionado con anterioridad para mitigar los efectos ocasionados por un desastre natural, como ocurrió en 1998 con el huracán Georges, proveyendo la liquidez necesaria a la economía para facilitar el proceso de estabilización nacional. La economía dominicana pudo mantener aquel año un crecimiento por encima del 7% y contener la inflación acumulada en el 7,82%, pese al importante deficit de la oferta en importantes rubros. Posteriormente, en 2016, año en el que se produjeron fuertes vaguadas, el BCRD libero RD$ 5,066 millones del encaje legal para canalizarlos al crédito agropecuario y otros RD$ 1,500 millones al Banco Agrícola.

 

El paradigma de un desastre

Es importante evaluar algunas variables que, en un principio pudieran considerarse contradictorias tras un desastre. Por ejemplo, en el año 2011 el yen japonés se apreció por el flujo de divisas destinadas a la reconsstrucción tras el terremoto y posterior tsunami que destruyeron Fukushima. Y muchos recuerdan la II Guerra Mundial como un enorme programa de obras públicas, durante y después de este episodio histórico, que sacó a la economía de los Estados Unidos de la depression. Hasta se le ha escuchado afirmar al nobel de Economía Paul Krugman que después de lo ocurrido el 11 de septiembre en Nueva York, “por horrible que parezca decir esto, el ataque terrorista pudo hacer un bien económico”.

Sin embargo, los analistas económicos sostienen sobre los desastres naturales que ha de prevalecer la empírica y que no se pueden separar dos variables del resto de la economía. Y lo explican así: una catástrofe natural no consiste solamente en ver una ventana rota y potenciar la demanda para reponer ese bien que se ha destruido físicamente, sino que hay que ir más allá y analizar por ejemplo qué otro destino más productivo quizás haya podido tener ese dinero destinado a un imprevisto, siempre y cuando no esté asegurado.

Entonces, ¿se acelera el PIB en trimestres y años posteriores a un desastre, como el paso de un huracán que destruye inversion hundida y capital de una economía? La respuesta se basa en el hecho de que el PIB es flujo, es valor agregado, es generación de riqueza año tras año, por lo que en un principio, tiene sentido este tipo de razonamiento. Hay que poder diferenciar el concepto de stock a diferencia del de flujo: en el PIB, el stock de capital no se encuentra computado, sino solamente el flujo. Lo que cuenta es el movimiento.

La ‘falacia de la ventana rota’

¿Es productivo tener que destinar recursos a una reconstrucción, o esos recursos podrían servir para una mayor creación de riqueza adicional? Si esos recursos son públicos, es indudable que la economía debería reactivarse en mayor medida que si no lo fueran, pero incluso así, demandará más déficit o impresión de moneda que incrementará los niveles de endeudamiento, o bien generará más inflación como daños colaterales.

Volviendo a la pregunta original, hay que explicar la “Falacia de la ventana rota”, definida por el economista y legislador liberal francés Frédéric Bastiat, en 1850, para ilustrar la idea de los costos ocultos o los costos de oportunidad.

Supongamos que un niño rompe jugando el vidrio de un negocio. Al principio, todos pensarán que el vidrio roto terminará beneficiando al vidriero, el cual comprará pan con ese beneficio, beneficiando al panadero, quien comprará más máquinas para producir más harina e incrementar su negocio, o bien un pasaje para viajar en vacaciones, o bien otros alimentos para consumir más.

¿Le ha hecho ese niño un favor a la sociedad? ¿Qué sería de los vidrieros si nunca se rompiera un vidrio? La respuesta es no, porque se ignoran los costos ocultos: el comerciante está obligado a comprar un vidrio nuevo, cuando quizás podría haber ido con ese dinero a comprar pan beneficiando al panadero. Mirando el conjunto de la industria, se ha perdido el valor de un vidrio, llegando Bastiat a la conclusión de que la sociedad pierde el valor de los objetos inútilmente destruidos y que la destrucción no genera un beneficio. El efecto más inmediato se da cuando se rompe un vidrio, pero también se dan otros costos en forma simultánea.

Dado que esa persona ha gastado su dinero en el vidrio, no podrá gastarlo en otra cosa: si no hubiese tenido que reemplazar el cristal, habría comprado un par de zapatos o un nuevo libro o un traje; estando el vidrio roto, el vidriero es favorecido y esto es lo que se ve, pero si el cristal no se hubiese roto, el vendedor de zapatos o de trajes habría sido favorecido en igual cuantía, y eso es lo que no se ve.

En el primer caso, el del cristal roto, él gasta su dinero en el mismo vidrio que antes tenía. En el segundo caso, en el que el accidente no llega a producirse, habría gastado su dinero en calzado o en un traje y disfrutaría de un par de buenos zapatos o de vestirse elegantemente, y de un cristal. En conjunto, la sociedad ha perdido el valor de un cristal roto, concluyéndose que la destrucción no es igual al beneficio. La historia de un mal muchacho nos muestra que el daño físico destruye la riqueza.

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